Públicado en el Magazine Especial de Navidad. Lesrain

 

Go Back Home Miss Dalloway..

Las Horas. Michael Cunningham. Premio Pulitzer 1999.

Pocas veces en mi vida no he podido elegir entre una obra cinematográfica y el libro que la inspiró. Cuando vi el film dirigido por Stephen Daldry, y protagonizado por Meryl Streep, Nicole Kidman y compañía, pensé que no habría forma escrita de superar la trenza vivencial que inspira las tres historias que suceden a un mismo tiempo en diferentes momentos históricos y esa curiosidad me llevo a devorar el primer manuscrito de temática homosexual que haya sido premiado en toda la historia de los premios Pulitzer.

Me quedé totalmente escandalizada ante semejante despliegue de talento, magia, precisión e inteligencia. Cada segundo literario esta construido con un maquiavelismo perfecto, desde el primer dramático momento en el que Virginia Wolf se embota en un grueso abrigo con los bolsillos llenos de piedras camino del río que la separará definitivamente de la vida, hasta la incuestionable sensación de perdida que experimenta cada protagonista cercano al final que no termina de creerse su final.

Tres historias cosidas con la vívida pluma de un genio de la literatura contemporánea, del que merece la pena, por qué no, volver a hablar.

Es triste contemplar como las modas y los vicios del lenguaje colocan a autores sin talento ni personalidad en la palestra de un momento histórico, a mi criterio tan confuso, que ni los que lo vivimos acertamos a comprenderlo; mientras se obvia y se olvida que lo importante de ser escritor no es poseer fama, dinero y ego sino por el contrario, una genialidad y elegancia tan memorable que después de un siglo alguien como el Doctor Cunningham, que está dispuesto a asumir el riesgo, decida poner de manifiesto todo por cuanto se ha vivido.

Es una triste gracia, una continua desidia, un fastidio y una intolerable borrachera social, ver como los fisgones autores de libros de autoayuda se ponen la medalla del camino a la felicidad por bandera y el título de terapeuta a distancia colgado de su puerta.

Y es que caben dos minutos y medio para la reflexión, yo creo, todavía. Solo hay que flexionar la espalda diez centímetros más abajo en la librería de turno y adquirir, porque sí, algo que merezca la pena leer.

Consejo de una exploradora de los estantes que acostumbra a buscar entre los clásicos aquello que la vida no puede enseñarle.

Mónica Martín

 

 

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