Públicado en el Magazine Especial Número 2. Lesrain

 

La Bollera, el Maricón, el travelo y el espabilao

Mamá, soy lesbiana. Creo que ya te lo he dicho cien millones de veces de cien formas distintas, que no atino por mucho que quiero a encontrar un hombre bueno y trabajador que me saque de la amargura de la soltería mientras voy rozando con este pandero que dios me ha dado los treinta.

Mamá, sé que tú me apoyas y me apoyarás siempre, que no habrá otra persona que pueda tener más cerca y sentir a mi lado y quiero que sepas que he decidido desde ahora mismo dejar que todos los comentarios que he leído y escuchado sobre las Lesbianas, los Gays, los Transexuales y los Bisexuales me den exactamente lo mismo.

He decidido ponerme las orejas de paja que me compré en mi primera comunión. Dadas las circunstancias me quedan perfectas.

Sé que no piensan lo que dicen cuando dicen lo que dicen y lo explicaré de forma mas sencilla si puedo pero continuare hasta el día en que muera repitiéndolo, por si acaso algún armarizado feligrés quiere escucharme.

Escuchá pana¸ soy lo que soy.

Yo te respeto a ti, a tus creencias, a tu fe. A tu libro sagrado, a tus costumbres, tus homelías, tus mandamientos, tus manifestaciones, tus excesos, tus contradicciones, tus señales, tus milagros, tus parábolas. A tu complicada, negra y cruel historia.

Yo, soy lo que soy y en eso, hermano, te llevo ventaja, lo tengo clarísimo desde el día en que lo acepté.

Pero, tú. ¿Sabes lo que eres cuando dices lo que eres?

¿Conoces a fondo la historia? Hablo de la historia del hombre que amaba al pecador, al pobre, al hambriento, al enfermo. Del hombre que amaba a la mujer, a la madre, a la hermana. Hablo de un hombre, hermano, que escuchó hasta el momento en que murió a todos los que le rodeaban incluidos sus enemigos, aquellos que lo entregaron y asesinaron. Habló de un hombre que perdonó y lo hizo sin el menor esfuerzo.

Que fue juzgado por estar al lado del loco, el miserable, la prostituta, el delincuente, el borracho, el enfermo, el marginado, el abandonado.

¿Has leído la Biblia de verdad o te han dicho lee aquí, aquí y aquí?

Y después firma aquí, aquí, y aquí. Y no te olvides del cepillo, ese que no se utiliza para peinar otra cosa que no sean los bolsillos, de estos, esos y aquellos que vienen de vez en cuando buscando un poco de consuelo.

Escucha hermano, yo soy lo que soy, pero, tú. Hermano, ¿Tan pronto se te olvidó lo que eres? ¿Bastaron un par de decenas de años para hacer que olvidarás algunas otras historias que nos contaron de niños? Sabes de qué te hablo, cuando te hablo de conquistas y reconquistas, de inquisición, de censura, de apología y de fanatismo.

Somos lo que somos. Y nos convertimos en algo que no queremos ser cuando nos damos cuenta de que no estamos siendo como fuimos. Como quisimos ser. Como éramos.

Hostiga tu rabia que yo ame a una mujer, que mi vecino participe de sexo libre con quien prefiera, que mi amigo sea mi amiga, que mi primo vista rosa chaqué o lo hace tal vez esa mano negra que te dice arroja tu ira aquí, aquí y aquí.

¿Soy yo quien te molesto? Píensalo más de una vez antes de contestar, ¿O es cada minuto de tu vida que se te escapa sin que puedas controlarlo?, sin que puedas controlar absolutamente nada.

¿Realmente soy yo quien no te deja vivir en paz o eres tú mismo que no puedes con todo ese dolor con el que no sabes que hacer?

Mónica Martín


 

Contacta conmigo

 

 

Inicio

Bio

Bitacora

Nuevos Proyectos

Sala de prensa