Visibilidad

 

O cuando el mal está en los ojos del que mira...


Mónica Martín

Verdes tus ojos Verde tu mirada.


No puedo dejar de mirar tus ojos. Son el motivo de mi desvelo, a mi, que nunca jamás en la vida me ha costado dormir, ni comer, ni hablar, ni en general moverme, desde hace un tiempo noto como me falta el aliento cada vez que me miras.

No puedo dejar de pensar en ese color indefinido entre en al azul y el verde.

No puedo dejar de llorar cuando estoy sola y a ciegas pienso en ti. Sin que yo pueda evitarlo, pienso en ti. No sé si vienen antes o después, las ganas de llorar, no se si nacen de la rabia o de la soledad.

Al principio creí que era porque estaba sola en la vida, no tengo familia, no tengo amigos, no tengo un hogar al que volver, lo único conocido para mi en esta ciudad eras tú, desde el principio de la carrera, eras tú. La persona a la que yo seguía a pies juntillas sin plantearme como, ni por qué, ni cuando. La única persona dentro de esta habitada soledad a la que necesitaba ver para seguir manteniendo contacto con la realidad, era a ti. Ya sé que suena raro que diga esto, que te diga esto, cuando ambas hemos vivido tantas cosas, tantas bocas, tantas lenguas, tantos cuerpos, tanta gente, y sin embargo, yo , o puede que tal vez algo de un tú, me ha paralizado en un instante que nunca finaliza, ese instante en el que te das cuenta de que estas viviendo algo que es imposible.

Algo que como mínimo no puede ser real. No es real.

Mira, yo sé que nunca, nunca vamos a hablar del contenido de esta carta porque para ese momento yo estaré muy lejos, mas lejos de mi que de ti, porque dentro de muy poco no estaré aquí y aunque nunca más vuelvas a verme quiero que sepas que mi mente, mi corazón y mi alma seguirán desde algún lugar del cielo esos preciosos ojos que tienes. Velaré allá donde vaya por tu bienestar. Que tonterías digo, así empecé a darme a cuenta de lo que me estaba pasando, cuando de pronto un día me descubrí a mi misma diciéndote cosas como queda prohibido mirarme, así te descubrí mi extrañeza, te desvele la fuente de mi alegría, y te presente también tu propia imposibilidad ante ese sentimiento, así nos dimos cuenta, con el paso de los años, de que hay cosas de las que es mejor no hablar, esas cosas que no pasan nunca aunque esperes una eternidad, esas cosas que te hacen darte por vencido.

Desde siempre supe que no querías saberlo.

Ni palabra.

Mi palabra.

Ni aun con el cuerpo.

Una mano, otra mano, de pronto un beso.

Malditas las mejillas rotas por el silencio.

No te imaginas el dolor tan inmenso que es tenerte tan cerca y no poder ni abrazarte por miedo ante lo que siento, por miedo a verme descubierta y vencida. No sabes el sufrimiento que supone ser tu amiga, ser una de tus amigas.

Tan solo darme por vencida.

Yo lo he intentado todo y nada ha funcionado, por eso me marcho, quiero marcharme de tu vida y de la mía para siempre. Lo he intentado todo para olvidarte, tener otras parejas, hacer otras amistades, inventarme otra vida, viajar, trabajar hasta la extenuación, estar lejos, estar cerca, permanecer silenciosa o ser tremendamente visible y siempre, siempre me reconocía a mi misma volviéndote a exigir. Suplicar, implorar que repararas en mi presencia. Siempre porque para ti no soy mas que un vago recuerdo, una chica graciosa y pesada. No soy mas que otro muelle sobre el que tirar tu ancla.

En algún otro momento tendrás otro eslabón de tiempo perdido al que yo accederé a volver a verte, salivando por si acaso en algún devenir del tiempo donde parece que el tiempo no pasa, se te escapan las ganas de abrazarme.

No pasa nada, me encantan tus abrazos aunque sean de seis meses en seis meses.

Ya incluso he llegado a conformarme con eso, tu simple mirada y tu tierno abrazo.

Tirar y tirar de ti, me hace sentir tan, tan agotada.
........                         ................                        ..............................


......  Ha empezado la cuenta atrás

 

Go Home

 

Contacta conmigo

 

 

Spotlight


Volver a Nuevos Proyectos